jueves, 21 de abril de 2022

Arriesgando

En realidad no sé muy bien porqué me animo a escribir sobre educación si todo el mundo, literalmente, sabe un montón de por qué, para qué, quién, dónde, a quién y cómo educar. De ahí el título de esta entrada, porque para decir más de lo mismo...

En mi opinión, esto de la educación no va bien -aquí ya habrá quien disienta o directamente me mande a freir espárragos- Y digo esto, arriesgando, porque se supone que educar lleva implícito el valor de mejora y mucho mejor que hace, digamos dos mil años por aquello de tomar a Grecia y Roma como cunas de nuestra civilización, no parece que estemos. Claro que hemos progresado en multitud de aspectos sociales y campos del saber pero lo de que el hombre es un lobo para el hombre sigue ahí bien vigente. Y para mi, ese es el verdadero problema que condiciona todo modo de vida y también la educación. El señor Plauto decía que esto sucede cuando se desconoce quién es el otro. Se deduce por tanto que conocer a otras personas, entender los motivos de su conducta, ponerse en su lugar, establecer un diálogo de igual a igual, devendrá en que dejemos de ser ese lobo.

Para llegar a ese punto, tendríamos que plantear todo un sistema educativo enfocado a conocimiento personal y del otro. Sin embargo no parece que vayan por ahí los tiros y no me refiero a la LOMLOE ni a otras leyes que han ido surgiendo como plaga de desatinos. Voy más allá, arriesgando, hacia un modelo de sistema donde aprender no suponga un suplicio, una criba, un requisito, un laberinto o un chantaje. Educar como motor universal llevaría a un sesudo intercambio de ideas entre profesionales de la salud - en su sentido más amplio-, de la filosofía, de la antropología, de la economía, del derecho y de la pedagogía. De ahí podría nacer un sistema de enseñanza con el fin de mejorar como individuos, como sociedad y como especie. Luego ya hablaríamos de currículos y abriríamos el abanico de profesionales de las ciencias y las letras (si es que esa dicotomía aún nos vale). Todo lo que no sea ese pararse a pensar desde esas premisas, son y serán parches. Y parcheando hemos llegado hasta aquí.

Lo malo es que con tantas películas sobre catástrofes hacia la aniquilación parece que ya la demos por inevitable y aceptemos que nuestro estilo de vida tiene poco arreglo, como para pararse a pensar nada para el largo plazo. Pero bueno aún así, arriesgando a contradecirme, ahí va un parche.

El modelo social está condicionado por el trabajo más que por cualquier otra cosa. Tener trabajo, más o menos horas, con más o menos derechos y salario condiciona toda actividad social, también la educación. Legislar sobre educación sin tenerlo en cuenta es absurdo. Ahora bien, legislar laboralmente sin tener en cuenta la educación también lo es si queremos educar para mejorar como premisa. Que nadie me acuse de ser pro-PISA o hippiedagógico, lo que planteo es coherencia, en igualdad de condiciones, entre modelo socio-laboral y educativo: armonizar horarios, calendarios, prestaciones y licencias o permisos. Sorprendentemente, o no tanto visto lo visto, supondría un reconocimiento social de la imprescindible labor de la escuela y de prestigiar la labor docente, lo que llevaría a los gobiernos de turno a extremar el cuidado y los recursos a un sistema educativo público, gratuito y de calidad.

 

¿Por dónde empezar? Por la formación docente. Como si en un avión despresurizado viajáramos, la máscara de oxigeno ha de colocársela antes el/la adulto/a que el/la niño/a. Me parecen estupendas todas esas pedagogías centradas en el alumnado pero o nos centramos en mejorar la formación universitaria de los/as futuros/as docentes o serán pedagogías "estrelladas" en el alumnado. 

Arriesgo: los estudios de grado actuales son una patraña. La gran mayoría del profesorado de esos grados está a años luz de la realidad de las aulas y de la realidad de su propio alumnado. La cantidad (ingente) de centros que ofertan estos estudios es inversamente proporcional a la calidad de su claustro. Urge reducir la oferta, aumentar y modificar los requisitos de pertenencia a su plantilla docente y por supuesto, enfocar las asignaturas hacia el verdadero objetivo de la tarea profesional que introduje antes: el conocimiento para la mejora personal y social. Además propongo eliminar el máster de formación para secundaria. Es un trámite, un sacadineros e inútil como capacitación.

Acabaré mezclando y agitando las ideas que he ido dejando por los párrafos anteriores arriesgando de nuevo con otra propuesta. La creación de un único y potente grado universitario en docencia. Quien quisiera ejercer como docente desde la escuela infantil a la universitaria debería realizarlo en su totalidad. Démosle a la titulación la figura profesional que merece: docente, maestro/a, profesor/a. Basta ya que matemáticos/as, traductores/as, abogados/as, geógrafos/as o filólogos/as den clase con un máster ridículo. Por supuesto que el/la docente debe dominar su materia faltaría más, pero eso tiene fácil arreglo creando menciones, especialidades, etc. durante los cursos del grado. Sería suficiente formación para impartir clase en estudios preuniversitarios. Para ser docente en la universidad, exijamos más, también su grado correspondiente ¿por qué no? Si un/a ingeniero/a o un/a biólogo/a quiere formar a futuros profesionales de su rama en lugar de desarrollarse el/ella mismo/a como profesional, me parece genial, pero eso sí, que curse el grado docente en su totalidad con más o menos convalidaciones. 

Ya puestos a arriesgar, y para acabar, habría que replantearse el acceso al cuerpo docente a través de las oposiciones tal como están planteadas. Es alucinante pensar que una persona pueda llegar a ser tutor/a de treinta niños/as, con plaza vitalicia, sin haber pasado antes un período de prueba real con una supervisión exigente del servicio de inspección educativa. No soy capaz de pensar en un modelo ideal, pero lo del sesudo intercambio de ideas entre profesionales que planteé al principio sería un buen comienzo para empezar a desarrollarlo.

En fin, me ha quedado largo. Es lo que tiene salir de Twitter. Seamos docentes orgullosos/as, ni más ni menos.

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