lunes, 12 de julio de 2010

Más allá de lo físico


Hoy he pasado el día en la playa. He ido a desplegar mi campamento con toda la intendencia pertinente (multiplicalo por n + 1 siendo n, el número de niños) junto a las instalaciones que están habilitadas para el disfrute playero de personas que necesitan silla de ruedas para desplazarse. Me han sorprendido, por desconocerlos, todos los detalles de que disponía el chiringuito: un camino de tablas de madera, que unos operarios andaban pintando de rojo y blanco, desde el paseo hasta las instalaciones; unos w.c portátiles; una mini biblioteca móvil y lo más llamativo, unas sillas de ruedas con flotadores con aspecto de fórmula uno. Pero aún más me ha sorprendido la cantidad de usuarios que disfrutaban de todo ello y no me refiero solamente a las personas discapacitadas sino también a las que supongo voluntarios y familiares, amén de algún trabajador, también supuesto. Lo de suponer es porque no me acerqué a corroborar mis suposiciones. Un nosequé me daba acercarme a curiosear, preguntar y aclarar mis dudas. Ya en casa me ha parecido una reacción absurda por mi parte sobre todo cuando he pensado que si se hubiera tratado de unas instalaciones para “público en general” ni siquiera me lo habría planteado y me hubiera acercado sin más. Es curioso como nosotros mismos nos ponemos trabas y fronteras ante situaciones que nos incomodan por noseque razones adheridas a nuestro yo social. Ahora cara al ordenador, lo que me viene a la cabeza es que las personas que se encontraban allí se comportaban precisamente de la manera con la que se suponía yo debería haberme comportado, con naturalidad.